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Columna de opinión: Comercio Justo y Banca Ética

Por Gerardo Wijnant

Consultor Senior Proqualitas.

El Comercio Justo es una forma de enfrentar las relaciones comerciales en las que priman consideraciones de respeto, diálogo y transparencia en toda la cadena de producción hasta llegar al consumidor, y representa compromisos de largo plazo, en que el grupo productor, es reconocido y se le asegura una vida más digna gracias a que el ciudadano consumidor puede reconocer, nítidamente, cuál es el resultado de su decisión de compra y si ésta, contribuye a un mejor desarrollo humano en que se respeten condiciones laborales, sociales y medioambientales adecuadas y responsables.

Este comercio no es viable, sin consumidores conscientes a los que les interesa que el destino de su dinero tenga un fin que contribuya a crear una sociedad más integrada e inclusiva. Afortunadamente, cada día más gente, en especial los jóvenes, empiezan a preguntarse sobre el origen de los productos, saber quién los elabora, por qué los productores trabajan en esto y si al comprar un producto, realmente se van generando cambios de progreso y desarrollo en las personas y sus comunidades. Esto deriva, también, en el interés creciente de conocer más en profundidad la ética y el contenido de los proyectos cuando estos ciudadanos tienen la opción de invertir. Es un fenómeno muy relevante a considerar hoy.

Se van logrando buenos resultados, se empieza a ampliar la categoría de productos de Comercio Justo. Ya hay en Chile algunas tiendas de Comercio Justo y muchas organizaciones están desarrollando un trabajo excelente y reconocido, generando impacto a muchos pequeños productores en regiones. También, empresas más grandes, como algunas viñas, que han visto en este esquema de trabajo, una respuesta adecuada que permite que productores y proveedores, puedan beneficiarse adecuadamente y de forma justa y participativa de Programas Sociales que surgen de los mismos campesinos; empresas cooperativas, como Apicoop, en Paillaco, que agrupa a centenares de productores de miel y que es hoy uno de los principales exportadores de este producto en nuestro país y que basa su trabajo en el respeto, la transparencia y en el diálogo participativo.

La existencia de programas de regalos corporativos a empresas, poseen planes RSE, que comienzan a privilegiar productos con sentido de Comercio Justo que da coherencia al mensaje de esas grandes empresas que practican Responsabilidad Social pero real y no como una mera solución cosmética. Se están logrando programas con Instituciones Públicas, que comienzan a entender que el modelo de Comercio Justo es una oportunidad real y cierta de generar mayor equidad e inclusividad a través, principalmente, de abrir posibilidades de comercialización más directa y segura.

El Comercio Justo no es caridad, es priorizar el respeto al trabajo digno, bien hecho y que se puede mostrar al gran público, de la manera más directa posible, tratando de evitar la ganancia excesiva de una intermediación inadecuada.

Es en este contexto que la creación (hoy más necesaria que nunca) de una Banca Ética o con Valores, significa una oportunidad enorme, tanto para inversionistas, que pueden sentirse satisfechos al constatar que su dinero es invertido en programas y proyectos de Comercio Justo (o de otras expresiones de economía social) que generan un impacto positivo real en las personas, las comunidades y el medio ambiente y por otro lado, para estos mismos proyectos en Comercio Justo, que logren acceder a una fuente de financiamiento confiable que no se basa en especulación y que comparte las dinámicas de los proyectos y se transforma en un socio de acompañamiento en el proceso y trabajo.

“Vemos hoy como el consumismo, lejos de generar respeto, crea dependencia, explotación que no alcanzamos a percibir (…)”

Para las personas y de manera creciente, se empieza a tomar conciencia de que no da lo mismo en que se invierte su propio dinero o sus ahorros. Se ha verificado que si la gente posee información suficiente y puede diferenciar entre empresas que generan un trato laboral respetuoso, que no dañan, sino que impactan positivamente al medio ambiente, que se preocupan de las comunidades y aportan al bien común, la propensión a aportar en ellas es mucho mayor que en aquellas que no toman en cuenta estas consideraciones y al contrario, especulan o son contrarias al bien común. Por tanto, tenemos hoy una gran oportunidad de dar un nuevo sentido a nuestro dinero y con ello afectar positivamente en nuestra sociedad. Por ello la creación de 2ble Impacto, como plataforma de inversiones sociales, es tan potente hoy, representando un primer paso hacia la creación en Chile, de una Banca Ética.

Vemos hoy como el consumismo, lejos de generar respeto, crea dependencia, explotación que no alcanzamos a percibir, maximización de utilidades sin considerar los costos laborales y humanos ligados a la producción masiva. Imágenes de marketing que nos prometen la “felicidad y realización” al comprar algún producto y si tuviésemos en cuenta o nos preguntáramos qué hay detrás de la producción, cómo se efectúan determinados procesos productivos y conociéramos realmente las formas de producción, probablemente no estaríamos dispuestos a consumir esto que se nos presenta como la felicidad envasada, ni menos a invertir en ese tipo de empresas. Historias de mucha tristeza, explotación de niños, falta de consideraciones ambientales y miseria, se esconden tras de muchos productos que hoy se venden en el gran mercado y que nos prometen esta pseudo felicidad. Teniendo valores y consideraciones éticas, ¿estaríamos dispuestos a perpetuar estos esquemas? Creemos y tenemos fe que no y que una economía con rostro humano sí es posible. El Comercio Justo entrega una alternativa concreta, real y viable hoy y una banca con sentido ético contribuirá a canalizar adecuadamente el dinero necesario para aportar a la construcción de un mundo mejor.

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